La espondilodiscitis representa una patología cuya detección precoz resulta determinante para evitar secuelas estructurales o neurológicas. Su abordaje requiere una evaluación integral que contemple tanto los aspectos infecciosos como las posibles complicaciones vertebrales.
El Hospital Sanitas La Zarzuela cuenta con un equipo médico multidisciplinar especializado en el tratamiento de la espondilodiscitis.
Se trata de una inflamación simultánea del disco intervertebral y de las vértebras adyacentes, lo que afecta de manera directa y grave a la estabilidad de la columna vertebral. En los casos más severos puede llegar a comprometer la médula espinal.
Esta es una patología relativamente infrecuente, pero, una vez que se presenta, es imprescindible que reciba atención médica inmediata, puesto que su progresión es bastante agresiva y puede afectar a la movilidad de quien la padece.
Se conoce también como espondilodiscitis infecciosa, porque en la mayoría de los casos tiene un origen infeccioso. Es habitual que el proceso inflamatorio comience a raíz de una infección en otra parte del cuerpo que luego llega hasta la columna a través del torrente sanguíneo.
La infección que le da lugar suele tener un origen bacteriano. Las bacterias viajan por el torrente sanguíneo y así consiguen llegar desde el foco infeccioso primario hasta la columna vertebral. Una vez allí se asientan en los discos intervertebrales y en los cuerpos vertebrales adyacentes. Dado que esta zona tiene una escasa irrigación sanguínea, las bacterias encuentran un entorno propicio para desarrollarse.
El microorganismo que con mayor frecuencia está implicado en la espondilodiscitis infecciosa es el Staphylococcus aureus, pero también hay otras bacterias causantes como el Streptococcus spp. y el Mycobacterium tuberculosis. Este último causa la espondilitis tuberculosa o mal de Pott.
En algunos pacientes esta patología tiene un origen posquirúrgico. Aparece tras una intervención en la columna vertebral u otros procedimientos invasivos como biopsias, cateterismos o infiltraciones.
Además, se sabe que hay ciertos factores que predisponen a su desarrollo:
Este problema médico tiene una amplia gama de manifestaciones clínicas que pueden presentarse de forma progresiva o aguda, dependiendo del microorganismo implicado en su aparición, del estado inmunológico del paciente y del lugar en el que está localizada la infección.
El principal síntoma es el dolor de espalda persistente. Un dolor que es profundo, muy localizado y puede llegar a aumentar con el reposo, especialmente durante la noche. Es una molestia constante que no desaparece haciendo uso de analgésicos convencionales ni con reposo absoluto.
En el caso de espondilodiscitis lumbar, el dolor puede irradiarse hacia los glúteos, los muslos o las piernas. Lo cual puede hacer que se confunda el cuadro clínico con una radiculopatía o ciática.
En la espondilodiscitis los síntomas van más allá del dolor de espalda. Algunos pacientes pueden presentar síntomas sistémicos como fiebre que no suele ser alta ni constante. También hay otras molestias como fatiga crónica, sensación de malestar general, pérdida de apetito y sudoración nocturna.
Es habitual que por efecto de la inflamación y del dolor la zona de la columna afectada tenga una mayor rigidez, lo que dificulta realizar movimientos básicos como agacharse, girar el torso y hasta caminar.
En los casos más severos, el paciente tiene que evitar en la medida de lo posible el movimiento del segmento vertebral comprometido. Cuando afecta a la zona lumbar, queda comprometida una región que es clave para la biomecánica corporal.
Si la infección se extiende hacia estructuras nerviosas, pueden aparecer déficits neurológicos. Los síntomas incluyen sensación de hormigueo, entumecimiento y pérdida de fuerza en las extremidades.
Cuando aparecen los síntomas neurológicos es posible que exista compresión de la médula espinal o de raíces nerviosas como consecuencias de abscesos, edema o deformación ósea.
En los casos más graves pueden producirse alteraciones en el control de los esfínteres, con incontinencia urinaria o fecal que requieren de atención médica inmediata.
Tanto el diagnóstico como el tratamiento requieren de un enfoque multidisciplinar, siendo especialmente importante la detección precoz para evitar complicaciones.
Cuando existe sospecha diagnóstica se lleva a cabo una evaluación clínica del paciente. La anamnesis incluye preguntas sobre sus antecedentes de infecciones recientes, cirugías en la columna, uso de catéteres intravenosos o enfermedades crónicas, porque todos ellos son factores de riesgo en el desarrollo de esta enfermedad.
Los análisis de sangre buscan muestras de inflamación a través de la medición de parámetros como la proteína C reactiva y la velocidad de sedimentación globular. También se llevan a cabo hemocultivos para identificar cuál es el microorganismo causante de la infección.
Además de los hemocultivos, en ocasiones también es necesario realizar una biopsia percutánea guiada por imagen del disco o del cuerpo vertebral afectado. Esto permite obtener muestras que se cultivan y analizan microbiológicamente.
La más efectiva para detectar la espondilodiscitis es la resonancia magnética con contraste, ya que permite identificar con claridad la destrucción del disco intervertebral, así como el edema óseo en los cuerpos vertebrales adyacentes y la posible presencia de abscesos o colecciones epidurales.
Si el paciente tiene alguna contraindicación para someterse a la resonancia magnética, se puede practicar una tomografía computarizada.
El tratamiento consiste en el uso prolongado de antibióticos intravenosos para acabar con la infección, durante un tiempo de seis a 12 semanas. Se recomienda también hacer reposo relativo y, en algunos casos, el uso de corsés ortopédicos para limitar el movimiento de la zona afectada.
En algunos casos se recurre a la cirugía para descomprimir las estructuras nerviosas, drenar las colecciones purulentas y estabilizar la columna vertebral a través de instrumentación.
La espondilodiscitis es una patología de evolución rápida que puede afectar notablemente a la calidad de vida si no se trata debidamente. Por eso, se recomienda consultar con el especialista lo antes posible.
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